Viaje Temporal
Pedro Q.
Estaba totalmente sola, era invierno y sus pies, sus pies no sentían nada. Estúpida, dijeron solo 20 años y el frío, el frío le calaba los huesos de una manera que jamás había imaginado, la luz de las lámparas de gas era tan tenue que apenas podía distinguir la banqueta, la banqueta donde estaba ¿sentada? ¿inmóvil? ¿varada?, la calle, al igual, era indistinguible una densa bruma la cubria en su mayor parte, sin mencionar…el frio no podía dejar de pensar en el frio. Subió un poco su chal, ese chal mellado sin mucha apariencia de chal…pasos, pasos al final de la calle, esta podría ser su última oportunidad. –Disculpe señor disculpe…– El señor pasa de largo con una dama de abrigo altamente acogedor –Estúpidos campesinos, el idioma que hablan es inentendible- Una risa, una mueca de dolor al lado de la banqueta.
Acabada, entumecida, se recargó en la pared en busca de un último suspiro solo para saltar, estaba más fría que ella, aun así se recargó, cerró los ojos y lentamente esbozó su ultimo pensamiento “Como me gustaría la calefacción de mi carro”. Los ojos se cerraron con extremo cuidado y los parpados se llenaron de una fina capa de nieve y cubrían unas apenas visibles lágrimas que rápidamente escarchaban sus mejillas. Al quedarse inmóvil, algo escapo de sus manos, un diminuto folleto mediatrónico: [Time 29a: La verdadera experiencia de viajar en el tiempo].